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¿Qué es el combustible aéreo sostenible y por qué debería importarte?

9 Jun 2022 11 MIN READ

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¿Qué es el combustible aéreo sostenible y por qué debería importarte?

En todo el mundo, los viajeros están eligiendo formas más ecológicas de desplazarse. Según un estudio reciente de Business Insider, alrededor del 40 % de los viajeros afirman que preferirían hacer menos viajes, pero más largos, si eso ayudara a reducir su impacto medioambiental.

Otro 40 % apuntaron que estarían encantados de alojarse en un «hotel menos popular pero más ecológico» y 1 de cada 3 se inclina por el transporte público. Esto es especialmente cierto en el caso de las generaciones más jóvenes, ya que el 93 % de la generación Z y el 89 % de los «millennials» afirman estar dispuestos a cambiar sus hábitos de viaje por el bien del medioambiente.

El propio sector de los viajes también está avanzando en la creación de viajes más sostenibles. Y aunque están surgiendo multitud de tecnologías y tendencias nuevas para ayudar a lograr este objetivo, ninguna es tan prometedora como el combustible sostenible para el transporte aéreo. También conocido como «combustible de aviación sostenible», o «SAF», representa uno de los mayores avances para la industria de la aviación. Profundicemos en qué consiste y por qué podría suponer un cambio tan importante.

avión en el aeropuerto

Un poco de historia

Todos sabemos que el cambio climático es un problema, concretamente el cambio climático antropogénico. La teoría del cambio climático antropogénico afirma que los seres humanos están causando los cambios más significativos en nuestro clima al quemar combustibles fósiles como el carbón, el petróleo o el gas natural. Las implicaciones de esto se han debatido con gran detalle. Si alcanzamos 1,5 grados de calentamiento por encima de los niveles preindustriales, nuestro mundo se verá sacudido por acontecimientos extremos que pondrán en peligro la vida en la Tierra.

Los viajes en su conjunto son responsables de cerca del 8 % de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, de las cuales el transporte representa casi el 50 %.. En la actualidad, el sector de la aviación depende de los combustibles convencionales en el caso de los aviones de reacción y dichos combustibles se basan principalmente en el petróleo. El combustible de aviación es, por su propia naturaleza, excesivamente rico en carbono, ya que está basado en hidrocarburos. Por eso, las aerolíneas de todo el mundo se están comprometiendo a ser neutrales en cuanto a las emisiones de carbono y a alcanzar sus objetivos de cero emisiones netas para 2050.

La IATA, por ejemplo, se comprometió a que los vuelos tuviesen emisiones de «cero neto» para 2050 y esbozó una serie de medidas que se tenía previsto adoptar para alcanzar este objetivo. British Airways, American Airlines, Delta, Jet Blue, Lufthansa y muchas otras compañías de aviación comercial también han asumido sus propios compromisos.

Si la industria del transporte aéreo quiere alcanzar esos objetivos, debe abandonar el uso de estos combustibles aéreos tradicionales. ¿Pero cómo podrían hacerlo? En realidad, y por ahora, solo hay 3 opciones:

  • Utilizar hidrógeno. El problema es que la tecnología para ello todavía no existe: no funciona con los motores de avión convencionales. Supondría enormes costes en términos de tiempo y recursos para replantear el funcionamiento de los motores a reacción y hacerlos más compatibles con el hidrógeno.
  • Hacerse eléctricos. Este método presenta problemas similares a los del hidrógeno: la realidad es que no estamos todavía en un punto de desarrollo tecnológico que nos permita utilizar aviones eléctricos. Sin embargo, esto no quiere decir que no estén disponibles en el futuro.
  • SAF. Lo mejor de todo es que, como estos motores requieren un desarrollo mínimo, ya se están utilizando para propulsar aviones. La investigación, la tecnología y el desarrollo ya están disponibles para que los utilicemos, lo que significa que pronto podremos alcanzar el 100 % de aviones propulsados por SAF. Esto conduciría a una rápida reducción de las emisiones en un 80 %, en comparación con los combustibles aéreos tradicionales.
motor a reacción de turbina

Entonces, ¿qué es exactamente el SAF?

El combustible de aviación sostenible es un combustible para aviones que utiliza materias primas biológicas para fabricar el carburante. ¿Y por qué eso es bueno? Si recuerdas lo que aprendimos en clase de Biología en el colegio, sabrás que el petróleo procede de millones y millones de años de materia orgánica modificada por el calor y la presión. Está claro que no es una solución ideal ni sostenible a largo plazo.

Pero el SAF es diferente. Las materias primas sostenibles son cualquier material biológico que pueda utilizarse directamente como combustible y, en el caso del SAF, puede ser cualquier cosa, desde aceite de cocina o aceites vegetales hasta residuos sólidos municipales, gases residuales y residuos agrícolas. Lo bueno de esto es que se pueden cultivar las plantas necesarias para la producción de SAF, que a su vez eliminarán dióxido de carbono de la atmósfera mientras crecen. Esto crea un «ciclo orgánico de vida del carbono» para generar combustible, que se quema y que luego es consumido por las plantas.

¿En qué punto del camino estamos?

Varias aerolíneas de todo el mundo se han comprometido a utilizar únicamente SAF para el 100 % de los vuelos en 2050. Sin embargo, a más corto plazo y de manera realista, pueden alcanzar el 20 % de uso de SAF para 2030. Esto se debe a que su producción es bastante complicada y, por el momento, el principal problema es que cuesta más que el combustible fósil para aviones.

Actualmente nos encontramos en una situación en la que el suministro de SAF debe aumentar de manera exponencial para que sea una solución viable. En 2019, por ejemplo, el consumo mundial de combustible alcanzó un máximo histórico de 360 mil millones de litros. Mientras tanto, la producción anual de SAF fue de aproximadamente 227 millones de litros en 2020, lo que es probable que aumente hasta los 264 millones de litros a medida que entren en el mercado nuevos productores de SAF. Aunque es genial que vaya en aumento, todavía no es suficiente para satisfacer la demanda global y la transición hacia viajes totalmente basados en de SAF.

Sin embargo, el nivel de demanda impulsará la innovación y, en última instancia, hará que el precio baje: estamos viendo una especie de concepto cíclico en el que necesitamos SAF y, al mismo tiempo, para que sea rentable se necesita tanto inversión como demanda.

Hay dos maneras de lograr que el SAF despegue de verdad y se convierta en el combustible renovable dominante en el transporte aéreo:

  1. Con un enfoque de arriba hacia abajo, por el que el Gobierno exija una cierta cantidad de uso de SAF a las aerolíneas dentro de un periodo de tiempo fijo para reducir las emisiones de CO2e.
  2. Con un enfoque de abajo hacia arriba, donde los usuarios y otras partes interesadas conozcan los beneficios medioambientales y comerciales del SAF y exijan que se utilice para vuelos comerciales (y más adelante para carga y transporte). Este enfoque ya está ganando terreno, con institutos como el Instituto Brahmal Vasudevan para la Aviación Sostenible del Imperial College de Londres, que ha recibido una donación filantrópica de 25 millones de libras para seguir desarrollando un transporte aéreo limpio, seguro y sostenible.

Y no es nuevo el hecho de que los costes de algo que es mejor para el medioambiente bajen debido al interés y la demanda. La energía renovable solía ser extremadamente cara y ahora los costes de la energía solar han disminuido un 16 % y los de la eólica entre el 9 % y el 13 %. Incluso el precio de la energía solar a gran escala ha disminuido en torno al 85 %. Esto demuestra que cuando el ser humano se centra en la innovación, todo es posible.

Una mirada al futuro

Por supuesto, no hay forma de saber exactamente cómo y cuándo podremos introducir el uso de combustibles alternativos o biocombustibles. Lo que sí sabemos es que se trata de un paso necesario para lograr una verdadera sostenibilidad en el sector de los viajes.

Hace poco estuve en una cumbre en la que conocí al director general de Wright Electric, una empresa respaldada por el Gobierno estadounidense que intenta desarrollar motores eléctricos para aviones. Según él, tendrían aviones eléctricos en los próximos años. Esto supondría un cambio radical en la reducción de la huella de carbono del sector de los viajes y en la consecución de nuestros objetivos de emisiones «cero neto».

Mi apuesta en este sentido es que el SAF y, hasta cierto punto, los aviones eléctricos no solo son el futuro, sino el futuro cercano. El SAF es un combustible bajo en carbono, que reduce las emisiones de carbono en un 80 % en comparación con los combustibles aéreos que utilizamos actualmente. Creo que es un primer paso para lograr viajes sostenibles, ya que no hace falta más investigación y desarrollo. La tecnología y las instalaciones de producción ya están disponibles para que el SAF se utilice en vuelos comerciales y, como he mencionado anteriormente, muchas aerolíneas ya lo están utilizando al menos en parte. Con un poco de tiempo y gracias a la creciente demanda de los usuarios, esto se convertirá en la norma.

Dicho lo cual, en mi opinión, el siguiente paso tras el SAF será el uso de aviones eléctricos (antes que el de aviones impulsados por hidrógeno). El transporte en su conjunto está experimentando un cambio hacia la energía eléctrica y los vehículos están pasando de la gasolina a la electricidad. Los trenes, por su parte, siguen una senda similar. Es lógico que los viajes aéreos también vayan en esa dirección.

No creo que estemos listos aún para el hidrógeno en esta área. En primer lugar, está la dificultad de producir el recurso, y luego tenemos las connotaciones negativas asociadas al dirigible Hindenburg, así que creo que nos queda un largo camino delante antes de que sea una opción viable.

¿Qué pueden hacer, mientras tanto, los viajeros y los gestores de viajes para reducir su huella de carbono?

Hasta que el SAF esté más extendido, hay una serie de cosas que puedes hacer para que los viajes de negocios o de placer sean más sostenibles. Por ejemplo, puedes:

¿Y la compensación de emisiones?

Sí, los viajeros y los gestores de viajes —o, en realidad, cualquier persona que reserve u organice un viaje de cualquier tipo— pueden considerar la compensación de emisiones de carbono como un paso en la dirección correcta. No es la solución perfecta, pero es lo mejor que tenemos hasta que el SAF y otras tecnologías de viajes sostenibles estén más extendidas.

Es cierto que no a todos los ambientalistas les convence la compensación de emisiones de carbono y esto se debe a una serie de razones que van desde las inexactitudes hasta la manipulación. Sin embargo, en teoría, la compensación de carbono funciona porque permite a cualquiera ser parte del empeño global de abordar las emisiones de gases de efecto invernadero. La idea es que cualquier empresa o individuo pueda contribuir a los sistemas de compensación y ayudar a reducir las emisiones de carbono, independientemente de su ubicación o sus circunstancias. Esto es algo que ha sido respaldado por la IATA con su plan de compensación y reducción de emisiones de carbono para la aviación internacional (CORSIA) y es algo que en TravelPerk también ofrecemos a nuestros clientes.

Con GreenPerk, los clientes de TravelPerk pueden compensar el 100 % de la huella de carbono vinculada a sus viajes de empresa. Con solo alrededor del 0,9 % del coste total de cualquier viaje, invertimos en en nombre de nuestros clientes en proyectos de compensación de emisiones de carbono con certificado VERRA que se centran en la silvicultura, la captura de biogás y las energías renovables, por nombrar algunos. También hemos desarrollado GreenPerk API, una API de código abierto para que las empresas sepan dónde y cómo están emitiendo carbono cuando viajan por negocios. Después pueden servirse de esos datos para alcanzar sus objetivos de emisiones «cero neto».

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